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El Padre Ayola, un sacerdote que dejó huellas en Sincé

Hay personas que en el transcurso de su vida pasan desapercibidas porque son apáticas o no se interesan por la situación de los demás, en cambio hay otras que han dejado huellas y a pesar de no estar presentes debido a su fallecimiento, su legado permanece a través de sus obras sociales, lo que hace que su recuerdo sea difícil de olvidar, este puede ser el caso del sacerdote Daniel Ayola Orozco, quien prestó sus servicios sacerdotales al municipio de Sincé, donde están enterrados sus restos, luego de fallecer un día como hoy el 7 de abril del año 1.987 en la ciudad de Medellín, es decir hace 31 años.

El padre Ayola nació en Villanueva (Bolívar) el 17 de agosto de 1.915 y desde pequeño, según comentaron algunos familiares, quiso servir a la comunidad a través del sacerdocio. Luego de ser ordenado estuvo dirigiendo varias iglesias en la región Caribe, pero fue quizá en la Iglesia Natividad de María de Sincé, hoy Santuario Mariano, donde se afianzó y dejó sus mejores recuerdos dentro de una comunidad católica por excelencia y devota de la Virgen del Socorro, lugar donde permaneció 23 años.

Según el historiador sinceano Evaristo Acosta Huertas, El Padre Ayola  fue designado para dirigir la Iglesia de la Natividad de María de Sincé el 6 de mayo de 1.964,  situación que no cayó muy bien entre los habitantes de este municipio de la subregión Sabanas, debido a que estaban encariñados  con el padre Juan Cristini, un sacerdote que se había ganado el aprecio del pueblo, y que entre otras cosas realizó una Semana Santa en vivo, que para los habitantes de la época ha sido la más imponente y más hermosa de los últimos tiempos. Por este motivo un grupo de sinceanos encabezados por Jaime Espinosa, Evaristo Acosta, Mariano Diago, Julio Vergara, entre otros, se organizaron para impedir la llegada de Ayola,  armándose con pancartas de rechazo al sacerdote, al que incluso le espicharon una llanta del carro donde vino, pero luego de una reunión con los integrantes del comité y las autoridades, el sacerdote les dijo que había llegado a realizar una misión  pastoral, que de hecho cumplió como lo había prometido, hasta el punto de que las personas que lo rechazaban se convirtieron en sus más grandes colaboradores.

Con el paso de los años el sacerdote Daniel Ayola, se ganó el cariño de todo el pueblo sinceano y sobre todo el respeto, porque era un hombre que se hacía respetar y que sus actividades religiosas nunca las dejo sabotear, unos hombres muy correctos dicen quienes lo conocieron.

Julio García Castilla, Ministro extraordinario de la comunión, lo describe como un hombre de mucha rectitud, disciplinado, un maestro que le gustaba enseñar a las personas, perfeccionista en sus cosas, no le gustaban los errores, un hombre cristiano, progresista, servicial y amigo de sus amigos, jocoso dentro de todo lo que decía y sobre todo un hombre de oración que dejó huellas en Sincé.

“El padre Ayola fue un hombre muy humilde, vivía solo con lo necesario, sin ningún tipo de lujos, siempre dispuesto hacer obras sociales en favor de la comunidad llevando el evangelio a todos los sectores sin importar la clase social, sobre todo correcto en sus cosas, por eso era muy respetado” manifiesta Evaristo Acosta, historiador sinceano.

Luego de la caída de los palcos en las corralejas de Sincelejo el 20 de enero en 1.980, el sacerdote en una de sus eucaristías hizo el llamado a los sinceanos para que las fiestas en corralejas de Sincé, que se hacían en el centro de la localidad, se trasladaran a otro lugar en el sector del Barrio el Socorro, donde se realizan en la actualidad. Según nos comenta el locutor , periodista y compositor sinceano Juan Severiche Vergara, Ayola, instaló un libro en la Iglesia para que los que estaban de acuerdo con sacar las fiestas del centro y trasladarlas a otro lugar, lo firmaran, algo que no le gustó a un grupo de ganaderos, pero consiguió el apoyo de la mayor parte de la población, por lo que de inmediato inició la campaña de construcción del Parque Central con la colaboración de la ciudadanía, que se vinculó a esta causa  para darle una mejor imagen al centro, y un sitio de esparcimiento para las familias, que es el hoy parque Simón Bolívar. Muchas personas en Sincé coinciden en afirmar que este parque debió llevar el nombre de “Daniel Ayola”, en reconocimiento a que fue su precursor, pero para ninguno de los mandatarios que han pasado hasta el momento por la Alcaldía se les ha dado por realizar este proyecto en homenaje al sacerdote.

El padre también fue el que inicio la construcción, de la Casa de la Juventud, del aula máxima de la Institución Educativa San Juan Bautista de la Salle y de varios salones del Colegio Antonia Santos. En estas instituciones dictó clases, uno de sus alumnos de esa época Víctor Redondo, lo recuerda como un hombre que dejó huellas y dice “que lo que hizo Ayola no lo ha hecho ningún otro sacerdote en Sincé”, lo recuerda porque en  La Salle (Institución Educativa San Juan Bautista de la Salle), con los estudiantes, promovió un cultivo de hortalizas y de otros productos con los que se ayudaba a las familias más necesitadas.

El padre Ayola también ayudó a muchas personas gestionando para el municipio cursos de artesanías y decoración, así lo recuerda Lilia Castillo Teran, quien dice que gracias al apoyo del padre muchos sinceanos como ella pudieron capacitarse para realizar oficios que les permitió sostener sus hogares, dando a conocer el talento que existe en Sincé.

Ayola Orozco, durante los años que estuvo en Sincé, creó la Legión de María, colocó varias bocinas en el campanario de la iglesia donde le informaba a la comunidad los sucesos que transcurrían en la región, además dejó muchas anécdotas, una de estas contada por Evaristo Acosta, quien nos manifestó que para una semana santa pidió que la procesión del sábado de gloria fuera solo de mujeres paridas y vestidas con ropa negra y un hombre lo desafió y asistió a la procesión acompañando a la mujer y fue tanta la rabia del padre Ayola que le pego una trompada, tumbándolo y sacándolo de la procesión, ya que sus procesiones eran ordenadas y en silencio y el que no iba en la fila acatando sus órdenes  lo sacaba o por lo menos le daba un pellizco; algunos sinceanos recuerdan que en una ocasión un hombre amante del futbol le pego al padre una patada y este  a los dos días cuando fue a jugar con estudiantes de la Universidad de Córdoba en Montería  se fracturó la pierna,  algo que fue muy comentado.

Escritores e investigadores tal vez están en mora por escribir algún libro o sacar un documental sobre este sacerdote, quien luego de padecer una enfermedad murió en Medellín el 7 de abril de 1.987. Sus restos fueron buscados en Cartagena por una comisión que fue designada para traerlo  hasta Sincé, donde dos días después le dieron cristiana sepultura, en un municipio que lo quiso y lo acompañó hasta su última morada, en uno de los entierros más concurridos de que se tenga conocimiento, donde el pueblo se agolpó para que quedaran sus restos en la entrada del cementerio municipal, donde muy seguramente algún sinceano que lo recuerda le llevará una flor y le rezará por lo menos un padre nuestra a su memoria, que muchos recuerdan y que debería servir de ejemplo para algunos  sacerdotes y religiosos de lo que debe ser un verdadero  pastor como lo dice el Papa Francisco.

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