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Anselmo Castillo Nuñez, o la conciencia cívia de Sincé

Por: Omar Castillo Núñez

Hablaré de Anselmo Castillo Núñez, especialmente como hombre publico en su oficio de educador y periodista, desde donde desarrolló una conciencia cívica que no hemos vuelto a tener en este pueblo; por eso hoy, aunque hayan transcurrido más de 23 años de su temprana desaparición, mucha gente lo recuerda con cariño.

¿Pero quién fué Anselmo Castillo Núñez?

Anselmo Castillo Nuñez
Anselmo Castillo Nuñez

Nació en el hogar formado por Silvano Castillo Cruz y Eudocia Núñez Contreras, de esa unión hubo 2 hijos más: Edilberto, quien murió a la edad de 17 años, y Silvia, quien reside en Cartagena.

Hizo sus estudios primarios en la escuela de Laureano Ulloa; al concluirlos sus padres lo mandaron al Seminario Mayor de la Villa de San Benito Abad, es en ese lugar donde empieza a estudiar los idiomas: el inglés, francés, latín, un poco de italiano y alemán; los 3 primeros llegó a hablarlos a la perfección porque sus profesores eran monjes eruditos en esas materias; en el seminario duró interno 4 años, luego pasa a concluir los estudios superiores en Cartagena en el Colegio Fernández Baena, del cual, se sentía orgulloso.

Concluyó sus estudios de bachiller en el año 1947 y comenzó estudios de abogacía en la Universidad de Cartagena, no le gustó esa carrera y lo enviaron a Barranquilla para que estudie y complemente sus conocimientos en los idiomas pero tampoco los concluyó. Regresa a su pueblo y en el año 1951 se vincula como docente al Gimnasio Santo Tomás de Aquino, en donde laboró durante 5 años, teniendo allí alumnos que más tarde se destacarían a nivel nacional en campos como la política y las ciencias humanas.
El 13 de junio de 1953 une su vida en matrimonio con Carmen Elvira Núñez Romero, tuvieron 4 hijos: Delgis Marina; Juan Bautista, quien murió el mismo día de su nacimiento; Omar Enrique, y Alvaro José.

En el año 1957 se hace docente del Instituto Francisco de Paula Santander, allí laboró durante 3 años; luego se marcha para Sincelejo a trabajar en el Instituto San José y colabora con el señor Manuel Benito Arrieta en el periódico El Cenit; de regreso a Sincé en el año 1961, organiza, junto con Evaristo Acosta Huertas, Rodolfo Acosta Mejía, Gustavo Gamarra Gómez y Aurora Martínez Navarro, el colegio “Liceo Americano”, donde se estudiaba fuerte El Español y el Inglés, compitiendo con los ya existentes.

Algunos de sus paisanos lo recuerdan porque durante 3 años para el mes de Noviembre, en compañía de su padre Silvano y otros amigos, cada lunes de este mes, vestido de blanco y con su cabeza metida en una olla de barro, a las 9 de la noche salía de la puerta del cementerio, y , con un quejido lastimero, despertaba a los habitantes para que rezaran un padrenuestro por las animas del purgatorio, es lo que se conoce como El Animero, una vieja tradición nacida de la fe cristiana en su visión trascendental de salvar las almas mediante la purificación para alcanzar el descanso y la vida eterna. Pero él era irreverente con lo religioso, un lunes de animas en el año 1963 miró hacia atrás – algo prohibido en esta tradición-, sufrió fuertes dolores de cabeza, pero adquirió poderes poco explicables para los mortales comunes : tenia la capacidad de adivinar la consumación de amores furtivos a horas avanzadas de la noche; contabilizó el tesoro de la virgen de sus paisanos, tal vez el secreto más guardado en este pueblo; tenia el poder de vencer el diablo prendido en el cuerpo de los niños mediante fiebres y calenturas: bastaba unos cogollos de “matarraton verde”, una señal en forma de cruz, y unas palabras mágicas para que el diablo quedase extenuado en medio de tales hojas, que calcinadas tomaban un color negro y desprendiendo un fuerte olor a azufre; y sobre todo adquirió el poder de convertir objetos ardientes en restos de huesos.

En el año 1964, tras su recuperación de salud, abandona su propia institución y se dedica al goce pagano; en el año 1965 llega a Barrancabermeja, presenta un examen como docente y es admitido en el Colegio San José, del que fue considerado uno de sus mejores profesores.

En política fue ecléctico, sin dejar de considerarse conservador en la afiliación política, militó en otros grupos políticos disidentes: en Barrancabermeja fue concejal por el partido conservador mientras que aquí en Sincé fue el secretario del partido Alianza Nacional Popular, ANAPO; en ejercicio de este cargo dio la bienvenida a esta ciudad al general Gustavo Rojas Pinilla, con las frase “Ecce Homo”: “He aquí al hombre”. Conocida su picardía, uno se pregunta ahora si esta expresión la decía en boca de Pilatos, al exponer a Jesús al repudio de la muchedumbre; o en boca de los apóstoles, al exponerlo para adoración de la humanidad después de su resurrección.

La mejor descripción de su vida en los años 50’s y 60’s ha quedado reflejada en un saludo en verso que se repetía cotidianamente con su padrino Roberto Acosta. Qué rumbo llevas?, preguntaba este. “No llevo rumbo, ni llevarlo quiero/detrás de nada voy y a nada espero/nadie espera la llegada mía/ y como la ilusión no me conforta/ igual me da, poco me importa / llegar hoy, mañana o cualquier día/”, le respondía Anselmo.

A comienzos de la década de los años 70’s, se vuelve a organizar con su esposa Carmen, y es, sin duda, su época más fructífera en producción intelectual hasta su muerte. En el año 1970, siendo gobernador de este departamento uno de sus alumnos, Carlos Eduardo Martínez Simahan, lo vincula al magisterio, oficialmente comienza a trabajar en el corregimiento de La Arena, en Sincelejo; luego es trasladado al municipio de Ovejas al colegio Gabriel Taboada Santodomingo; posteriormente, al colegio San Pedro Claver en el municipio de San Pedro, y de allí al colegio San Juan Bautista de la Salle, en el año 1974.

No tuvo pretensiones de nada, ni de nadie, pero si una honestidad a toda prueba. Por lo primero su gran capacidad de expresión oral y escrita lo llevaba a que de cualquier acontecimiento declamaba una poesía o improvisaba un discurso porque según él “era útil para eso y hasta para botar basura”. Por lo segundo, reconoció sus errores e imperfecciones con humildad ante quienes lo querían, con el convencimiento que “los únicos que no se equivocan son los que nunca han hecho nada”.

Una reflexión a posteriori de su vida nos hace pensar que de Anselmo era difícil esperar una vida privada ordenada a lo tradicional, porque era un hombre público, como lo define alguno de sus amigos. Y no solo por su oficio de formador de juventudes, en donde buscó conservar la tradición de los mejores educadores: moldear personalidades con rigor para la vida. En tal sentido dejó huellas imperecederas. Sino también porque forjó una practica ciudadana, que lo convirtió en el espíritu cívico más desarrollado de estos territorios durante todos estos tiempos. Para él era claro que el hombre encuentra verdadera realización, no en su actuar individual, sino en el actuar colectivo, en la búsqueda y consecución del bienestar de todos, no en el del bienestar individual. “La vida es una copa para todos llena”, me escribió en una ocasión, cuando yo era un primíparo estudiante de Economía en Barranquilla. Es ese espíritu cívico adelantado lo que explica también su disposición para construir puntos de encuentro, para la reflexión y el dialogo: el periódico el Cenit; el Liceo Americano; el Club Sabanas, una congregación informal de amigos de todos los pelambres sociales, que con humor fino, hizo seguimiento nocturno crítico de 7 a 9 de la noche, desde los bajos de la vieja casa de Luís C. Garrido, a todos los acontecimientos de la vida municipal a fines de los años 70’s hasta su muerte en 1983. Fue precisamente de esa puesta en común de ciudadanos de donde surgieron iniciativas progresistas como la farmacia con turno nocturno, la pavimentación de calles, y una especie de veeduría social de las obras de asfalto del tramo de carretera Sincé-Corozal y, sobre todo, la necesidad de una corresponsalía periodística desde la provincia para la región, con el fin de hacer visibles las problemáticas locales. Y Anselmo asumió la corresponsalía en radioperiódicos, periódicos regionales y nacionales, así se hizo llamar “El corresponsal Castillo Núñez”; y se hizo periodista, con tarjeta profesional en 1981, y popularizó su columna “Apostillas de Provincia”, desde donde creó opinión pública, como ningún otro, alrededor de problemas sentidos por la comunidad. Y es en este papel, de guardián ciudadano, de conciencia cívica, donde El corresponsal se vuelve implacable contra toda corrupción y desgreño administrativo de lo público. Su pluma se vuelve cortante, sus notas semejaban aguijones donde se fustigaba la inercia y la incuria oficial. En un escrito que conservamos, a propósito de los 206 años de la refundación de Sincé (1981), describió la crisis de gasto público local “retratada en calles con zanjas, huecos, cunetas rotas, husillos destapados, alcantarillado politizado”, que comparaba con “nidos donde se empolla la peor administración municipal, ….. Con sepulturas donde se entierra la putrefacción moral de la administración de turno….., por donde no cruzan ni los pájaros……, y bestias y tractores se entierran en lodazales….” Y en 1983, al denunciar ante Belisario Betancur las deficiencias en el asfalto del tramo de carretera Betulia –Sincé, se duele “de cómo se roba al Estado Colombiano amparados por los mismos organismos oficiales……..,cómo juegan como peladitos callejeros a la gallina ciega y organizan los trabajos que se le confían con la misma falta de seriedad con que se organiza una tómbola o una rifa, cobijados por la muletilla mágica de gobernantes y dirigentes que afilan sus visiones futuristas de partidas presupuestales con una punta aguda matemática e incontrovertible….”

Como también destacaba y enaltecía los valores y las cosas buenas de esta tierra; solía encabezar sus corresponsalías con frases como “Sincé, la ciudad que brotó por una sonrisa de Dios sobre la tierra” , o con esta otra “Sincé, la ciudad que tiene un pie en el provenir”.

Uno se pregunta hoy si hemos avanzado para meter los dos pies en el porvenir. La percepción de nuestras gentes más avanzadas es que las necesidades sociales locales han crecido más rápido que las soluciones. Hay que hacerlo. Ya Antonio Hernández Gamarra recientemente ha reclamado la necesidad de volver en lo educativo a la tradición bilingüe de los colegios sinceanos del pasado; y en lo social, anotaría yo, es necesario multiplicar por mil los Anselmos, es decir, necesitamos más y mejores ciudadanos; que cada sinceano, además de su entorno familiar, actué en lo social solidariamente con los demás para vencer el atraso y la pobreza ; que florezcan nuevos puntos de encuentro para la convivencia: los centros literarios, los consejos estudiantiles, las organizaciones juveniles, las juntas solidarias de vecinos, las organizaciones deportivas, las escuelas de música, hay que construir progreso colectivo y distribuirlo solidariamente.

Con todos los defectos que tuvo como ser humano, su familia, sus alumnos, sus amigos lo recuerdan con cariño, su esposa Carmen recuerda las bromas que le hacia, sus frases románticas en la ausencia de sus hijos “siento que me falta la mitad de mi vida y me sobra la mitad de mi alma”.

Desde lo más profundo de nuestros corazones, en nombre de la familia, les queremos agradecer muy sinceramente este gesto de exaltación de su memoria; partió de nuestro lado, hacia lo desconocido, un 20 de marzo de 1983, pero su recuerdo todavía permanece intacto en el corazón de este pueblo agradecido.

Traigo estos versos de Maria Mercedes Carranza, con los que rindo homenaje a su alma sensitiva.

Ante la tumba de mi padre
Ante tu tumba
Siento que la tierra se menea:
Son sus huesos que suspiran y cantan
Lo mismo que cuando estaban sobre ella

Ante tu tumba
Medito sobre esa vida
Que allí acabó:
Qué bien bebida, qué bien amada.

Ante tu tumba
Oigo la voz que fue tuya. estoy solo
Triste, cansado, pensativo y viejo.
Y es verdad.

Ante tu tumba
Veo la cara que fue tuya:
esa cara que ya no es
y que aun veo.

Ante tu tumba
Hay ríos, versos y muchachas
Cruzan la música y el vino.

Ante tu carne destruida todo brilla.

Omar Castillo Nuñez

Palabras de homenaje a Anselmo Castillo Nuñez, en las Semana de la Sinceanidad, Noviembre 8/2006

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