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El Animero

Por: Gina Paola Atencía Gil

En Sincé en los años comprendidos entre 1963 y 1967 existía un hombre que era muy devoto a las Ánimas del Purgatorio. El “Animero”, como se le conocía popularmente, era el encargado de mediar entre las animas de los difuntos y los vivos. Las animas, son los espíritus de los difuntos que según la creencia popular, murieron en pecado mortal o con alguna deuda adquirida en su vida terrenal. Estas pueden ser desde misas por el descanso de su alma, o bien asuntos de índole social. Cada viernes asistía a misa, lo buscaban para orar a las personas y se decía que le había ofrecido una manda a las ánimas.

Este hombre en víspera del día de los difuntos salía por las calles del pueblo poco antes de las doce de la noche, anunciando la salida del Animero. Su traje para el ceremonial era una capa blanca y una olla de barro, donde colocaba su boca y emitía quejidos como sonido, se paraba cada dos cuadras y solo se escuchaba a lo lejos: ¡¡¡buuuuuuuu!!! Y luego comenzaba a rezar el rosario ofrecido a las ánimas: “Dios te Salve María llena eres de gracia…”

El Animero para este menester, contaba con todo un magisterio, sobre la cuestión. Aparte de sus dotes naturales de médium, que según el saber popular, adquirían desde que este ya estaba en el vientre materno, pues se le solía “escuchar llorar en la barriga de su madre”, poseía el conocimiento infinidad de medios para, desde identificar el sexo del “alma arrimada”, pasando por las motivaciones de el espíritu para molestar a familiares y vecinos según fuese el caso.

Los habitantes de San Luis de Sincé que estaban en sus casas, se asustaban mucho al escuchar al animero y contestaban a la vez el rosario que hacía este, sin salir a la calle. “No importaba el clima, que llueva, truene o relampaguee” decía el Animero.

Se comentaba en esa época que él no podía mirar hacia detrás cuando salía por las calles, porque llevaba a las ánimas del purgatorio siguiéndolo, así lo aseguraba. Una vez miro hacia atrás y después del recorrido y ya en casa, este Animero pasaba llego con una fiebre de 42 grados más alta de lo normal y cuentan que se bañaba con agua cocida de un árbol que despedía un olor desagradable al calcinarse y que servía para ahuyentar los espíritus, pues aunque iba donde los médicos, no padecía de ninguna enfermedad , pero con este baño se mejoraba. El árbol usado para el baño era matarraton verde.

En Sincé se sabía quién era EL ANIMERO, se trataba del profesor del Colegio La San Juan Bautista de la Salle ANSELMO CASTILLO NUÑEZ (Q.E.P.D), quien era una persona muy correcta en sus cosas y muy buen docente. A él este pequeño relato…. A quien fuera EL ANIMERO.

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