HomeMultimediaEscritosUn homenaje a las almas luminosas, de los espíritus brillantes

Un homenaje a las almas luminosas, de los espíritus brillantes

José Manjarréz. Al fondo el busto de Adolfo Mejía ubicado en el parque principal de Sincé

Por: José Manjarréz Pérez

Mi primer encuentro con la música de Adolfo Mejía fue hace ya muchos años cuando era solo un adolescente, retraído e indiferente a la riqueza cultural de mí pueblo San Luis de Sincé. Desde pequeño tuve cierta afinidad con la música, pero fue hasta mis épocas de bachillerato donde se acentuó más aquella inquietud y tuve contacto con ese maravilloso mundo sonoro. Había leído los textos de música, leí sobre Bach, Mozart, Schönberg y otros compositores de talla universal. Todos ellos maravillosos, pero hasta entonces no tenía conocimiento de alguno que fuera colombiano.

Un día cualquiera del mes en que los tigres pasean por las calles y los niños corren atemorizados ante aquella figura, me encontré con la sorpresa de que en la plaza principal festejaban la sinceanidad. Motivado más por la curiosidad que por cualquier otra cosa, decidí quedarme a observar la programación correspondiente a esa noche. La cual giraba en torno a Adolfo Mejía. Hasta ese entonces sabía que la Casa de la Cultura llevaba su nombre, solía ir con frecuencia a ese sitio y me entretenía mucho mirando los recortes de periódicos enmarcados, y demás cuadros deteriorados en las paredes por el paso del tiempo. De vez en cuando a escondidas agarraba una vieja guitarra y dejaba sonar uno que otro acorde mal tocado.

Una vez iniciada la programación me mantuve muy atento. Le escuche al alcalde de paso hablar sobre la importancia de Adolfo Mejía en la música, recuerdo que dijo que era el más importante de los compositores colombianos reconocido internacionalmente, pero la mayor parte de su vida la paso en Cartagena, y que era muy respetado en esa ciudad. Me llene de orgullo al saber que un hijo de Sincé había llegado tan lejos en una arte tan complejo como la música. Y si a eso le sumamos lo difícil que es el Caribe para la vida de la cultura, donde persistimos en un concepto equivoco de la misma, donde los gobiernos ignoran olímpicamente a los artistas y más que servirles se valen de ellos para redondear ambiciones políticas.

La programación de esa noche culminaba con la proyección de un documental sobre la vida y obra de Adolfo Mejía que había realizado un grupo de investigación audiovisual adscrito a la Universidad Nacional. Una vez comenzada la proyección el parque quedó a oscuras. El aire de la noche era quieto y cálido. A través del gigantesco lienzo del cielo, se filtraban, incalculables, los puntos lejanos y titilantes de las estrellas. En el ambiente se escuchaba la sucesión de acordes y arpegios de las obras de Mejía, contrastadas con imágenes sugerentes y evocadoras de la vieja ciudad amurallada. También se mostraron entrevistas con familiares, amigos y demás gente cercana a su entorno. Supe también que, además de ser un gran compositor interpretaba muy bien la guitarra, que era una persona muy culta, que hablaba varios idiomas y había viajado mucho con su arte. Ese día comprendí que, subyacente al nombre de la Casa de la Cultura y los lánguidos recortes de periódicos con los cuales me distraía, se encontraba un hombre de talla universal. El homenaje acabó, pero dentro de mí quedó el insaciable deseo de seguir investigando.

Varios años después me di a la empresa de materializar mi profunda admiración por Adolfo Mejía. En mis tiempos libres me dedique a investigar, conseguí su música y hasta incluso un libro prestado (que aún no devuelvo) de las partituras para piano. Pasaba horas interminables frente al ordenador buscando fuentes y leyendo la escasa y precaria información que hasta ese entonces existía en Internet acerca del maestro. De esta manera y aprovechando los maravillosos recursos de la Internet, fue como dedique parte de mi tiempo a la elaboración de un blog para dar testimonio de los logros de este gigante desconocido. Blog que dentro poco tiempo replantearía con un análisis más concienzudo.

Una noche cualquiera de esas donde la bohemia irrumpe, conversaba con un amigo sobre mi iniciativa. Hablamos por largas horas en medio de vallenatos y el olor a sudor de borracho de un bar de mala muerte. De esta manera fue como me vinculé al Equipo Soysincé, colectivo en el cual vengo trabajando hace más de un año y, en compañía de sus miembros desarrollamos el proyecto “Adolfo Mejía – Un hombre terrenal y misterioso, bohemio  esotérico”, el cual tiene como objetivo divulgar y preservar la vida  y obra de Adolfo Mejía por medio de las TIC.

La verdad no sé si a alguien le interese Mejía, quizás me equivoque, pero de lo que si estoy plenamente seguro, es que como el existen muchos que siguen siendo ignorados por una sociedad rancia que se preocupa cada vez menos por los cultivar los valores culturales. Donde el concepto que tenemos de esta no tiene nada que ver con nuestro diario vivir. Mientras tanto, sigo teniendo la firma convicción de que, tan solo el día en que repensemos la cultura desde lo local hacia lo extranjero, nos daremos cuenta que: NO HABRÁ DESARROLLO SIN EDUCACIÓN, NI PROGRESO SIN CULTURA.

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