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Remembranzas de Septiembre

Por: Jesús Heriberto Navarro

Twitter: @jesusheriberto

Para los sinceanos de a pié debe ser lugar común levantarse en la aurora del 30 de agosto con el estruendo de recamaras y las notas alegres del crepúsculo matutino que inicia la jornada mariana, con entusiasmo, exaltación y fervor, ante la primicia emocionante del novenario; “…en la confianza de lo que esperamos, en la evidencia de lo que no alcanzamos a ver” (Hebreos), pero poseídos por el carácter tempestuoso del hombre parido por esta tierra jubilosa. Es a esto lo que llamamos profesión de fe mariana, y es lo que el sinceano raizal vive y siente en esta época del año.

Procesión de la Virgen del Socorro Cruzando la Esmeralda
Procesión de la Virgen del Socorro Cruzando la Esmeralda

Vete sembrando, Señora, 
de paz nuestro corazón, 
y ensayemos, desde ahora, 
para cuando nazca Dios. Amén.

Lope de Vega 

Justo antes de los años setentas, a esta algarabía ensamblaba el murmullo de rastras provocadas por las largas varas de guaduas y madrinas tiradas por burros que manipularían para construir el armazón del entramado de la vetusta corraleja, donde saltarían los toros en distinción de nuestras fiestas seculares.

La conmemoración de la Natividad es una de las más enraizadas en la tradición popular cristiana, aunque en muchos lugares como el nuestro es celebrada resueltamente bajo la advocación de la niña María… Niña María, estampa entrañable para quienes profesamos contemplación por ella desde niños.

Parece que fuera ayer, cuando mi madre nos llevaba de su mano a la romería de cada una de las noches del novenario, que se extendía desde la del día de Santa Rosa de Lima, hasta la cálida de la víspera, encuentro que incluía de hinojos un combo de dos padre nuestros y cuatro avemarías y finalizaba entre el olor a la pólvora de voladores y recamaras, barajándose con el terceto de chilenas que enjugaban pegajosamente nuestro boca y el palmo de narices.

Mientras la masa de maíz salteaba en la manteca de los fritos y en los alamares de la sombras del veterano tamarindo, la ruleta de “Don Prici” y el boliche del “Golo” hacían sus apuestas vagabundas, los pitos de albardilla, amasados de barro mestizo y cocidos en fogón casero, silbaban en las comisuras de los niños alborozados de la noche; la ardiente “Vaca Loca” hacía de las suyas en la tropelía de la oscuridad.

No podía faltar el ocho, con ropita nueva y el manojo tibio de las espermas de la manda, acompañando el recorrido de la venturosa por las calles polvorientas de Sincé y la entrada entre el júbilo, castillos y nostalgias, despidiendo al año mariano que saldaba y el colindante por llegar.

Para decirlo de otra manera, septiembre para los sinceanos era, es y será la época del año donde el fervor acrecienta y se torna en bálsamo para olvidar la intimidación, el aislamiento y la pobreza.

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