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Memorias en Papel

Una vista a la vida de Evaristo Acosta

Por: Carolina Acosta Romero

Las tardes de Evaristo Acosta transcurren sentado en la oficina médica del alma, un lugar que reúne generaciones que intercambian tertulias con sabor a pueblo e historia, donde también se guarda de manera entrañable la memoria de muchos acontecimientos de Sincé, Evaristo Acosta solo llegó hasta quinto de primaria , sin embargo es un amante de la buena lectura , con un prodigioso conocimiento , tanto así que estudiantes incluso Universitarios acuden a su vivienda que como bien él dice no es una biblioteca porque no hay muchos   libros, hay una mente lúcida, papiros escritos con su puño y letra y recortes de prensa.

Eva, como cariñosamente es llamado, es un conocedor de las fantasías del pueblo que realmente dicen que es Macondo, donde se afirma vivió Gabriel García Márquez y en dónde el arte es innato en muchos de sus habitantes que se inspiran con ese cielo azul, otras veces de color naranja que termina en un hermoso arcoíris que refleja la grandeza de Dios.

Una mañana entre la neblina de un amanecer y el calor propio de la sabana, Eva pudo divisar como las llamas cremaba su oficina médica del alma.

En ese momento, ante el tumulto característico de los pueblos y con semejante hecho el chisme fue tan protagonista como la solidaridad, las señoras gritaban, los niños lloraban y los hombres corrían , se observaban baldes de agua, mangueras verdes en medio de la calle, un tren hecho con personas que de mano en mano no solo retiraban escombros, también las medicinas del alma de un anciano materializadas en viejos papiros ahora sucios de carbón, se recuperaron dos mecedoras viejas con la paja del espaldar quemadas y un taburete de cuero de bestia.

Al pasar los días todo volvió a la normalidad, el sigilo de las calles conmovía a sus habitantes, no es frecuente que esos eventos acontezcan en una población pequeña, Eva se fue a vivir temporalmente a casa de su hermano y la vieja vivienda de tabla está siendo poco a poco reconstruida.

Evaristo intenta revivir con letras la historia del pueblo, dibuja con sus Ochenta años en su mente el hombre de la camisa de hilo y abarcas tres puntadas de los años sesenta, en un santiamén recorre las calles destapadas, polvorientas y recuerda como el trueque era el medio para lograr abastecimiento del pueblo, describe los amores escondidos , el pecado de darle un beso a la mujer antes de la boda y como usaban las ancianas la túnica en la cabeza para entrar a la iglesia no sin antes echar un chismecito que al salir de la liturgia ya era un escándalo que comprometía a alguien de la sociedad, Eva vive para marcar la historia del ayer que enorgullece un pueblo sabanero llamado Sincé donde la fe a María es el orgullo de sus habitantes y la corrida de toro la tradición por excelencia.

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