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Sincé, el ombligo de la sabana

Columna de opinión de Jesús Heriberto Navarro

Por:  Jesús Heriberto Navarro

Sin duda la reorganización territorial a través de la construcción de nuevos caminos, conllevó a la fundación y refundación de poblaciones que permitieran la reorganización de los asentamientos y hacerlos más controlables para el aparato estatal (Varios Autores, 2010), pues se consideraba que los pobladores radicados en el territorio eran “almas que vivían dispersas en las provincias internadas en los montes, faltas de religión, orden y racionalidad, siendo perjudiciales al Estado”.

Posada Carbó, 2004, Manifiesta con luminosidad, que esta ardua tarea le fue delegada al oficial Antonio De la Torre y Miranda, que en el proceso de trazar los caminos que comunicarían Cartagena con el Sinú, al San Jorge con Cartagena, y a las Sabanas intermedias con el Magdalena, fundó 43 poblaciones.

En su decimoséptima visita del oficial en su misión de ordenamiento territorial, narra Ulloa Gonzales Lorenzo, en Monografías de Sincé, que a la llegada del notable oficial De la Torre y Miranda, a la “Loma de Cabildo”, donde se encontraba disperso el asentamiento, el tufillo aromático de la melaza de caña, previamente fermentada, que se decantaba en instintivos serpentines, delato parte de la economía familiar de la vecindad. Esta, al igual que la vocación agrícola y la herencia cultural de artesanías, consentía la supervivencia de la comunidad.

Para entonces todo era monte o bosque nativo, un número delgado de ganado pulía el paisaje verde esmeralda de estos caribes. Los cultivadores mestizos sembraban en sus rozas el tabaco negro, el maíz, la yuca, ñame, auyama y la batata, que empeñolaban, en una especie de silo rustico de guadua, ligadas con bejuco malibú o catabrero, pañetado con la mezcla de boñiga, arena y ceniza. En estas despensas hechizas guardaban por algún tiempo estos productos perecederos, con los cuales subsistirían un tiempo.

Desde entonces y como lo afirma el antropólogo Reichel-Dolmatoff 1946, la horticultura era la principal área de producción y los indígenas se procuraban con ella la gran mayoría de su alimentación. Los cultivos se hacían en grandes campos circulares alrededor del asentamiento humano. Casi que podríamos expresar sin temor a la sana crítica, que nuestra economía desde entonces, sigue siendo incipiente y aldeana. La comida de entonces se aderezaba con ají, especialmente la carne ahumada de animales monteses.

El alucinado Antonio De la Torre, al iniciar el trazado y la ubicación, descubre que el poblado al que llego un 10 de noviembre de 1775, se encontraba en pleno centro de las Sabanas de la antigua Provincia de Cartagena, a una distancia próspera del Rio de la Magdalena, lo cual le lleva a forjar con sus herramientas de recorrido, una brújula o agujón y un quintante, una serie de vasos comunicantes, hacia el Magdalena y el San Jorge, y como comisionado de provisionar al poblado de la construcción de los caminos para abastecer de alimentos a sus pobladores, comenzó a hacer los primeros trazos del marco de la plaza principal con sus respectivas calles.

La misión congregadora y visionaria de De la Torre, fundador y refundador de pueblos, al servicio de la Provincia de Cartagena, vislumbró la salida al Río Magdalena, por el actual camino Sincé – Nueva Granada – Buenavista (Santo Tomás de Canturiense – Magangue. El paso del tiempo le daría la razón, como bien lo recuerdan algunos autores y, como quiera, que se volvió un paso de viajeros y mercachifles que llevaban mulas y burros cargados de queso y panela, provenientes de San Andrés de Sotavento, Chinú y otras localidades, para llevar a Nueva Granada, hoy Galeras, haciendo bifurcación en estas tierras, invariablemente los que viajaban hacia el rio, paraban en Juan Gordo hoy Granada y de allí al Magdalena vía Buenavista, de donde al regresar traían utensilios y mercaderías.

Lo que los Chimilas hicieron espinoso, por implacables defensores de sus territorios y su cultura (Molano Bravo, 2011), ya en 1775 era un comercio fluido con productos destinados a mejores puertos.

Los caminos trazados por “EL ARIETE HUMANO” De La Torre y Miranda para unir poblaciones y regiones, fueron: a) Corozal – Morroa – San Cristóbal (Caracol) -San Onofre – Flamenco. b) Corozal – Ovejas – El Carmen – San Jacinto -San Juan Nepomuceno – San Cayetano – San Basilio – Gambote – Arjona – Turbaco – Ternera – Timiraguaco. c) Corozal – Santo Tomás Canturiense (Buenavista) – Cascajal. d) Santo Tomás Canturiense (Buenavista) -Guaza. e) Corozal – San Benito Abad. f) Corozal – Chinú – Ciénaga de Oro – San Carlos de Colosiná – San Jerónimo de Montería. g) Corozal – Sincelejo – San Andrés – San Emigdio (Chimá). h) Corozal – San Antonio Abad (Palmito) – San Juan de las Palmas – San Nicolás – Lorica (Varios Autores, 2010).

Cuenta el historiador de la tierra, que con singular astucia el oficial abrió la puerta a esta región, a fin de que las mujeres asumieran quehaceres rentables, cuando les enseñó cómo aumentar y comercializar las artesanías tradicionales. Bastaría recordar los Petates, Esterillas de Junco, las Tinajeras y Ollas de Barro. Podría entonces certificar que De la Torre, desarrolló también una cultura de emprendimiento, que hoy se ha venido al piso por falta de voluntad estatal y el poco entusiasmo de nuestros moradores.

De la vocación ganadera, base de la economía lugareña, al lado del yuqueo, podríamos afirmar que:

(…) En 1766 Sincé ya se perfilaba como una zona agrícola y ganadera por un censo que realizó don Antonio de Arévalo el mismo de las murallas de Cartagena, cuyo informe se orientaba a garantizar el aprovisionamiento de cuantos animales se podrían llevar a Cartagena ante un posible sitio de la ciudad amurallada, para proveer las necesidades de alimentación de sus habitantes.

Fuente: Ulloa Gonzales Lorenzo en Monografías de Sincé:

Juan de la Ossa                                       200 Reses
Herederos de Jerónimo Jiménez        600 Reses
Miguel Pineda                                         200 Reses
Sebastián Santizo                                   200 Reses
Juan José Sierra                                     150 Reses
Juan Palacios                                          50 Reses
Juan Manuel Navarro                           200 Reses

LLEGO LA HORA DE PROPUESTAS AUDACES, QUE PERMITAN CANALES DE COMERCIALIZACIÓN MODERNA.

Elaboremos y presentemos un proyecto al Fondo de Compensación Regional o al Fondo Desarrollo Regional, para pavimentación en asfalto flexible o concreto rígido, de la vía que conduce de Sincé – Granada – Buenavista y empatar en providencia, con la vía que conduce al Puerto del Rio en Magangué; ganaríamos un corredor rápido hacia el Río Magdalena y una interconexión con todos los municipios y departamentos por donde se encauza esta arteria fluvial, especialmente ahora que se pretende recuperar su navegabilidad. Así mismo la carretera, Sincé – Galeras- Santiago Apostol, vía caño “El Ramonero”, para abordar el San Jorge.

Estos proyectos harían parte de lo que el Gobierno Nacional ha dado en llamar VIAS PARA LA PROSPERIDAD.

Permítanme finalizar, acudiendo al inofensivo chisme social: A la entrada alguien me abordó y me preguntó, ¿el porqué del apelativo “Mazamorreros”?

Recordé entonces las palabras que brotaron hacia 1996, de alguno de los abuelos que se nos adelantaron en el éxodo al infinito. “…Mira me respondió, en este pueblo, solo hasta la alborada del siglo XX, se preocuparon por medir el tiempo con un mecanismo de relojería; hasta ese momento todo se media por la ubicación del sol y muy especialmente por una singular medida.

Señala la tradición oral que en Sincé acostumbraban desayunar con mazamorra, aquella libación dulcísona de leche y maíz suavizada con panela.

De ahí nace -testifican- el patronímico de ‘mazamorreros’ con el que hoy distinguen a los sinceanos. Y como lo expresamos al inicio de este examen, medir el tiempo no era una preocupación en ese entonces, y las labores del día se dividían, naturalmente, entre antes y después de mazamorras. (Fuente PORTAFOLIO – Arriando el Ganado en Sincé)

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